domingo, 10 de junio de 2018

La Caracas de Ayer: El Origen de los Nombres de Algunas Esquinas de Caracas #Venezuela


Algo que nos define a los venezolanos vayamos donde vayamos, es esa forma peculiar de dar una dirección: más allá de sus nombres, intenta pedirle una dirección a un transeúnte para que encuentres cualquier cantidad de referencias que te harán pintoresco el camino. Luego, haz el mismo experimento con un extranjero y ya las cosas no te sonarán igual.

En la mayoría de las ciudades y pueblos de Venezuela, el tema de las direcciones es un asunto similar, salvo en Barquisimeto y en algunos rincones de los Andes. Sin embargo, hoy queremos compartirles la historia de una demarcación que se niega a morir, más allá de sus avenidas y rascacielos: las esquinas de Caracas.

Esquina de Socorro


Antes de que se construyeran la avenida Fuerzas Armadas, existía un "puesto de socorro" y por ello adoptó su nombre. Su nombre deriva debido al puesto que una vez existió en ese lugar de la Caracas de ayer donde la gente iba en busca de ayuda. 

Esquina de Angelitos


Cuenta la leyenda que el presidente Páez se encontraba con una mujer ajena y mandó a sus militares a que le avisaran por si venia alguna persona. En esa época a estos guardias los llamaban angelitos.

Esquina de Padre Sierra


Es una de las pocas que conserva el nombre que se le diera en la época de la colonia, hace más de trescientos años. Se le denominó así en honor de don Joseph de Sierra, capellán de las Monjas Concepciones, quien en 1766 vivió en la casa que se ubicaba en este lugar.

El Padre Sierra fue un hombre muy humanitario, que hizo un gran trabajo durante la epidemia de 1766, al ayudar a curar a los enfermos poniendo en riesgo su propia vida. Una actitud similar demostró el 21 de octubre de ese año, al socorrer a las víctimas del terremoto que sacudió a Caracas.

Esquina de Sociedad 


Allí se encontraba a principios del siglo XIX una casona con puertas de madera oscura claveteada, zaguán de huesitos, corredor de ladrillos y un gran jardín rodeado de elegantes pilares. Fue ésta la sede de la Sociedad Patriótica en 1811, donde se escuchó por primera vez a Simón Bolívar motivar al pueblo a buscar la Independencia de España. Personajes como Francisco de Miranda, Miguel Peña, Antonio Muñoz Tébar, Francisco Espejo, los hermanos Salias y Vicente Tejera se reunieron en este sitio para buscarle una solución a la opresión en la que vivía Venezuela en aquél momento.

Esquina de El Chorro


Son las andanzas de los hermanos Juan y Agustín Pérez las que le dan el nombre a esta esquina. Juan y medio y Agustinillo, como eran conocidos en la Caracas de 1812, eran canarios y realistas. El primero era el encargado de encender los faroles públicos, y se contaba entre los personajes que intentaba derrocar cualquier gobierno patriótico que tomara el poder.

Agustín, por su parte, tenía fama de ser el rey de los ‘guaraperos’, se decía que preparaba la mejor bebida de piña y papelón de la ciudad. Su negocio, que se encontraba en el ángulo suroeste de la esquina del mercado de la Plaza de Armas, contaba con un sistema de despacho único. Había diseñado un aparato o envase giratorio, con una llave hacia la calle y un cántaro colgante, que estaba sujeto a una cadena. Agustín podía despachar a sus clientes sin abrir la puerta, con tan sólo soltar la llave al momento de escuchar el sonido que hacía el centavo al caer en una alcancía. Como aparentemente el jugo salía solo y brotaba como un chorro, la esquina tomó ese nombre.

Esquina de La Romualda


En 1824, cerca del puente Catuche existía una pulpería propiedad de una señora llamada Romualda Rubí, a quien todos cariñosamente le decían Ña Romualda. El negocio gozaba de mucha fama, ‘la crema y nata’ de la sociedad caraqueña visitaba el lugar para degustar el delicioso mondongo, que era la especialidad de la casa. Hasta el presidente de la República José Antonio Páez disfrutaba de los suculentos platos que se cocinaban en el lugar. Por más de 10 años permaneció abierto el establecimiento a cargo de esta mujer humilde y honesta, que pasó a la historia por las sabrosas comidas que preparaba.

Esquina de Cristo al revés 


A mediados del siglo XIX vivió en Caracas un hombre cuyo trabajo era coser media-suelas a los zapatos de los vecinos. Este zapatero se dedicaba día y noche a clavetear y coser artísticamente zapatillas de tacón Luis XV o botas de los soldados del cuartel cercano; era un buen trabajador que contaba con gran clientela. Este hombre tenía particulares creencias religiosas, estaba seguro de que castigando al santo de su devoción obtendría más rápido sus favores. Este personaje le tenía mucha fe a Cristo, por lo que en lo más alto de su cuarto de trabajo ostentaba una imagen de madera de éste, con el fin de que fuera testigo de sus buenos y malos momentos.

Un día comenzó a bajar el trabajo porque un competidor se instaló a pocas casas. Entonces, nuestro zapatero colocó cabeza a bajo la figura de Cristo para castigarlo por no proporcionarle clientela. Desde ese día, los habitantes de nuestra capital denominaron de este curioso modo la esquina en la que se encontraba el negocio.

Esquina de Las Ánimas


Para el siglo XIX, surgió una leyenda, que cuando la oscuridad llegaba al sitio se podía escuchar un coro de voces fúnebres. Unos curiosos salieron a la calle para descubrir quienes eran los cantores y se encontraron con sombras con túnicas blancas, que tenían hachas encendidas, y dijeron que eran ánimas del Purgatorio.

Esquina El Muerto


Hay una esquina llamada El Muerto, que debería estar asociada a algún desastre. Sin embargo, no es tan siniestra como se podría esperar. Durante la llamada guerra de los cinco entre los centrales y los federales, ocurrían batallas en las calles de Caracas. Sin embargo, las personas que no estaban involucradas cerraban las puertas de sus casas y no salían por ningún motivo, por lo que la mayoría de los heridos morían por falta de atención. Luego, cuando terminaban las batallas, pasaban un grupo de camilleros en unos carruajes a caballo para recoger los cadáveres para darle su santa sepultura. Una vez mientras se recogía a un cuerpo tirado en el suelo en esta esquina y cuando se disponían a cumplir con su triste deber, de repente se levantó el cadáver y con una voz temblorosa les dijo: " no me lleven a la tumba, que todavía estoy vivo". Los camilleros lo dejaron caer y huyeron despavoridos. 
Este hecho fue considerado como una obra del diablo y el cuento fue recorriendo la ciudad de boca en boca. Los vecinos del lugar solían detenerse para indicar a los visitantes diciéndoles: " esta es la esquina donde se levantó el muerto", y poco a poco la esquina comenzó a ser conocida por su nombre actual: La esquina El Muerto.

Esquinas de El Peligro y Pele el Ojo


En el siglo XIX el lugar que ocupan actualmente estas esquinas era un campo abierto con algunas chozas, donde de día pacía el ganado y de noche se ocultaba una banda de delincuentes que vivía de robarle las pertenencias a los inocentes transeúntes. La tradición indica que fue algún vecino quien bautizó el sitio como El Peligro, por las terribles consecuencias que sufría aquél que se atreviese a pasear por la zona.

En la esquina opuesta instaló un bodeguero su negocio, y lo llamó "Pele el ojo al peligro". Pues, según él, constituía una advertencia para evitar que las personas cayeran en el peligro.

Laarepaenlinea

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