jueves, 29 de marzo de 2018

Perturbador: Madre Confiesa que tiene Relaciones con su Hijo con Retraso


Mujer cuenta su perturbadora historia en un sitio en internet donde se cuentan secretos anónimamente.

Tengo 46 años y hace 10 estoy separada, vivo con un hijo 18 que sufre de retardo mental. A pesar de eso él es físicamente normal, y solo se nota en su comportamiento. Sin embargo, hay algo que me altera y me produce una lucha interna: él suele masturbarse en forma compulsiva, haciéndome con ello espectadora. El médico me dijo que estos niños sufrían de exceso de deseo y era normal que se tocaran repetidamente, etc.

Lo que me hace sentir pésimo y una culpa espantosa es que hice algo que no debía, como mujer sola, verlo tocándose su cosa, parada delante mío varias veces al día y esa compleja situación de contemplarlo en su mentalidad de niño y tratar de desahogar su deseo de adulto incapaz, me producía al comienzo mucha pena porque sé que él no lograba entender ese deseo que lo abordaba.

Todo eso se conjugo junto a todos estos años de estar sin pareja, que me ha hecho caer en un círculo vicioso que a veces considero enfermizo y otras me hace sentir muy bien, una confusión que me ha llevado a pensar en incluso matarme, y es que cuando me di cuenta de sus erecciones y su insistencia en tocarse, comencé a ayudarlo masturbándolo yo misma, cuando lo bañaba, cuando veíamos tele, o dormíamos.

Durante mucho tiempo no traspase esa línea, solo lo tocaba hasta vaciarlo y verlo aliviado. Pero esa práctica se ha hecho intensa y compulsiva también para mí, tanto que nos pasamos todo el día en ello, de las tocadas he pasado al sexo oral y al sexo directo con él, hasta el extremo de casi no salir de casa y se me ha transformado en una enfermedad paralela al ir sobre él en cada una de sus erecciones, girando casi toda la vida nuestra en esta relación que se ha tornado sexual. Cuando me detengo a pensarlo me aborda este sentimiento de culpa, el cual no siento cuando estamos en acción. La verdad que lo que pasa es algo ya raro, pues desde que despertamos hasta que dormimos estamos todo el día en esto, por lo cual me siento enferma.

Me he alejado de mi familia y amigos para evitar que se den cuenta de algo, de hecho hasta me cambié de casa para poder hacer nuestras cosas tranquilos. Yo sé que hago mal moralmente, pero mi hijo no tendrá oportunidad de vivir el sexo con una mujer dado su anormalidad, lo cual no lo hace preparado para la vida o para iniciar una relación. Por eso también a veces me reconforto, pues le he regalado una vivencia que le estaba negada, es un secreto entre ambos, que me tiene al límite de los sentimientos, como mujer verlo masturbarse casi a diario no solo me hacía sufrir por no tener pareja yo, sino por ver la imperiosa necesidad de el de desahogarse, por lo cual quise brindarle el servicio yo misma, la verdad que he estado entre el paraíso y el infierno durante todo este tiempo, creando junto a mi hijo una vida paralela a la normal.

Ximena

Laarepaenlinea.

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