28/10/17

Pequeño Albert: El Cruel Experimento practicado a un Bebé de 11 meses para probar las Fobias


En 1920 John B. Watson, padre del conductismo, realizó el experimento llamado "Little Albert" o "Pequeño Albert", repudiado años después por su falta de ética y moralidad.

El experimento para probar con un bebé que las fobias pueden ser condicionadas y aprendidas fué llevado a cabo y los resultados fueron positivos para el psicólogo pero no para el bebé.


Esta idea surgió de la mente de John Broadus Watson, reconocido padre de la rama conductista de la psicología, que desde 1913 había comenzado a probar en animales sus tesis. Estas venían directamente del los estudios de Iván Pavlov, fisiólogo ruso que ganó el Nobel en 1904 por sus estudios sobre el sistema digestivo, pero que también sentó precedentes sobre la psicología.

Pavlov describió por primera vez el sistema de aprendizaje asociativo que hoy conocemos como Condicionamiento Clásico, que basa el comportamiento de los animales (y Watson quiso probar con el pequeño Albert que también de las personas) en una secuencia estímulo-respuesta. 

Quien tenga un perro podrá hoy probar los mismos experimentos que realizó Pavlov. El científico ruso se dio cuenta de que sus perros salivaban cada vez que les presentaba un plato de comida, y fue introduciendo en cada toma el sonido de una campana. Al final, con solo escuchar la campana, y pese a la ausencia de comida, los perros salivaban. Había conseguido detectar un comportamiento y trasladarlo a un estímulo distinto.

Watson llevaba unos años como investigador interno en la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, cuando en 1920 comenzó con el experimento de Little Albert. Su objetivo era probar en un bebé de escasa edad y lo menos condicionado posible cómo el ser humano podía adquirir miedos por entornos condicionados, después trasladar estos miedos a otros estímulos, y por último intentar corregirlos. Lo malo, es que nunca logró revocar los efectos de aquellos miedos que inoculó al bebé.

El investigador y su ayudante Rosalie Rayner, quien acabaría firmando el artículo que muestra sus conclusiones junto con Watson, encontraron a Albert en el orfanato para niños inválidos Harriet Lane Home, según cuentan ellos mismos en su exposición. 

Así pues, a la edad de 8 meses y 26 días, probaron su primera toma de contacto. Expusieron a Albert a una fogata y a varios animales, y el niño no tenía miedo a nada. Solo lloró en esa primera vez cuando Watson golpeaba fuertemente una barra metálica, cumpliendo con el patrón que había marcado de que los lactantes tienen un rechazo innato a los ruidos bruscos.

Dos meses después, el experimento comenzó. La idea era ver si podían influir a Albert para que temiera a distintos estímulos. El primero de ellos fue una rata blanca de laboratorio. Al presentársela a Albert, el niño quiso alcanzarla. La tocó, hizo varios ademanes de acercarse más a ella, y en ese momento Watson hizo sonar la barra metálica. El niño se echó para atrás alterado. Lo volvieron a intentar una vez más, el niño extendió su mano para tocar la rata, y la barra volvió a sonar. El niño en ese momento comenzó a llorar, ya se había cumplido el primer condicionante.


En la segunda jornada, Watson realizó siete intentos para que el niño llorara al presentarle la rata y hacer sonar la barra metálica. En el octavo, solo con la presencia de la rata y sin sonido, el niño empezó a llorar sin más.

El experimento siguió con dos jornadas más cuando Albert contaba con 11 meses y una última cuando tenía 1 años y 21 días. En ella Watson comprobó el segundo de sus puntos de partida: el mecanismo conductual que había hecho que el bebé temiera a la rata a la que al principio no tenía miedo era también transferible a otros estímulos.

Para ello cambiaron a la rata por un conejo, un perro, o un abrigo de piel. Todos elementos peludos que el niño pudiera asemejar con el tacto de la rata. En todos ellos Albert acabó llorando, sin necesidad del ruido, aunque sí que se introdujo en alguna ocasión un nuevo refuerzo presentando de nuevo a la rata junto con el sonido metálico. El único momento de paz del bebé durante el experimento era cuando, para aislar los resultados ante distintos estímulos, le dejaban jugar con bloques de cubos. En ese momento Albert dejaba de llorar y se ponía a jugar sin más.

Por desgracia, el último tramo del experimento quedó inconcluso. Y era el más importante: intentar deshacer todos los miedos que el bebé había adquirido durante este tiempo. Según relatan Watson y Rayner, cuando intentaron comenzar esta fase el pequeño Albert había sido adoptado por una familia de otra ciudad.

Sobre la identidad del pequeño Albert se han dado varias búsquedas. La más reciente data de 2014 y es la que a día de hoy se da con más posibilidades de ser cierta. Los investigadores Russ Powell y Nancy Digdon repasaron el censo y documentación de la época y concluyeron que Albert era William Barger, un hombre que falleció en el año 2007 y cuya madre biológica trabajó en el orfanato del que sacaron al pequeño. Barger, según testimonios de sus familiares, había tenido siempre una fobia especial a los perros y otros animales peludos.

Laarepaenlinea

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