18/5/17

Herbert Mullin: El Hombre que Asesinaba para evitar un Terremoto


“Mátame para que otros puedan salvarse”... tras escuchar este supuesto petitorio en su cabeza, Herbert Mullin procedió a golpear salvajemente con un bate de béisbol a un hombre indigente de 55 años, quien vivía en las calles de Santa Cruz, Estado de California (Estados Unidos).

El naciente asesino estaba totalmente drogado. Tenía un festival psicodélico en su mente. Así, aquella noche del 13 de octubre de 1972, este hombre alucinó que aquel vagabundo le pidió telepáticamente que lo asesinara y de inmediato procedió a cumplir ese supuesto deseo. Se sentía el elegido. Decía que Dios lo había escogido con el propósito de salvar a la ciudad de San Francisco de otro gran terremoto, como el sucedido el 18 de abril de 1906.

Justamente el 18 de abril de 1947 nació Mullin. Afirmaba que había nacido en esa fecha por algo especial y que él debía ser quien impidiera que otra catástrofe acabara con la vida de miles de personas. Irónicamente, otras debían morir como sacrificio. Y así empezó su etapa de asesino en serie, la que solo duró cuatro meses, pero en los que asesinó a 13 personas de entre 4 y 72 años, incluido un sacerdote católico.

Herbert nació en Salinas, California, pero luego su familia se mudó a la localidad cercana de Santa Cruz, en el mismo Estado. Las reglas no faltaron en su niñez. Su padre, Martin Mullin, fue un veterano de la Segunda Guerra Mundial; y su madre, una mujer refinada  que inculcó en sus hijos las normas de buenos modales. Bajo la sombra de su padre, Herbert siempre vivió fascinado por el mundo militar. Siendo un chico modelo para muchos, Herbert se sentía más especial que el resto. 
En la secundaria fue presidente del consejo estudiantil y ganó una encuesta realizada en el colegio como la persona que tenía mayor potencial de ser alguien exitoso. 

Un accidente que cambió su vida por completo fué, cuando su mejor amigo Dean, falleció en un accidente automovilístico poco después de haber salido del colegio. Sus aires de grandeza y aquel sentimiento de superioridad se potenciaron con ese duro golpe. En aquella época, 1965, Mullin empezó a delinquir. Eran los tiempos de la guerra de Vietnam, en los que la revuelta hippie se apoderó de los Estados Unidos en protesta por el conflicto bélico en el país asiático. 

Jim Gianera, un amigo de Dean, le brindó en alguna ocasión droga a Mullin y él aceptó, sin saber que iba a caer en una dependencia que nunca podría dejar, sino hasta después de estar en prisión por sus asesinatos. El pensamiento de que era el elegido por Dios para salvar a San Francisco de un terremoto a través de sacrificios humanos, persistía en la mente de Mullin. Pero no cometía ningún asesinato, ya que consideraba que las muertes sucedidas en Vietnam eran suficientes. Así se abstuvo de matar a alguien hasta el 13 octubre de 1972, cuando le quitó la vida al vagabundo con el bate de béisbol. 

Dos semanas después, mientras iba por la carretera, detuvo su auto para recoger a una muchacha que le pidió un aventón. Cuando estuvieron en un lugar desierto, el hombre la apuñaló hasta matarla. Según su confesión tras ser atrapado, el sujeto indicó que la chica le pidió telepáticamente que la asesinara.

Luego, el 2 de noviembre, sintió que era una fecha especial para confesarse ante un sacerdote, ya que era el Día de los Muertos. Le pidió al cura católico Henri Tomei que intercediera por él para dejar las drogas. Le contó sobre sus crímenes y mientras hablaba escuchó una voz en su interior que le decía: “Mata, será el sacrificio perfecto por la humanidad”. Golpeó al clérigo y lo asesinó. 

Se abstuvo de quitarle la vida a alguien durante diciembre, ya que eran las fiestas de Navidad. Cansado de su drogadicción, sentía que debía matar a quien lo inició en ese mundo: Jim Gianera. Lo fue a buscar a su casa, pero el hombre ya no vivía ahí, ahora estaba Kathy Francis y su hijo Daemon. La mujer le dio información de la nueva casa de Jim y de inmediato Mullin lo fue a buscar. Una vez frente a quien le ofreció droga por primera vez, le disparó, luego siguieron su esposa y su hijo. Tras este crimen, Herbert regresó a la casa de Kathy Francis y la eliminó, al igual que a su hijo, para no dejar cabos sueltos. Luego siguió matando personas en sacrificio para evitar un terremoto. 

Debido a su cautela, no dejaba huellas. Además, en aquellos días, Edmund Kemper, un asesino en serie, ya identificado por las autoridades, tenía como rango de acción la misma zona, por lo que en principio los crímenes de Mullin le fueron adjudicados a él.

El 13 de febrero de 1973, agobiado por el sentimiento de culpa, determinó poner fin a su macabra actividad mediante un asesinato público. Cuando iba en su auto, por un vecindario cerca de su casa, detuvo la marcha y le disparó a Fred Pérez, de 72 años. Fue detenido por la Policía a pocas cuadras de distancia y de inmediato confesó todos sus crímenes. Actualmente cumple cadena perpetua en la prisión estatal de Mule Creek, en Ione, California.



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