2/3/17

Nitroglicerina: El Explosivo que se Prescribe para el Tratamiento de las Anginas de Pecho


La Nitroglicerina es una sustancia pesada y aceitosa, resultado de la acción del ácido nítrico en la glicerina que, mezclada con un absorbente, forma la dinamita.

Más allá del líquido explosivo e inestable al que es mejor no agitar, descubierto en 1846 por el químico italiano Ascanio Sobrero (quien por cierto tenía la cara cubierta por cicatrices debido a una explosión sucedida en su laboratorio), la nitroglicerina en píldoras, spray o en parches, lleva más de un siglo siendo usada como un fármaco efectivo contra la angina de pecho. Obviamente, las dosis que se suministran son diminutas, y además van diluidas en material inerte por lo que no son explosivas en absoluto. Atrévete a agitar una cajita si te la dejan en la farmacia, no hay problema.

¿Pero quién fue el primer valiente que se atrevió a darle un uso médico? Bien, el descubrimiento de las propiedades beneficiosas de este explosivo fue totalmente casual, y se lo debemos a los trabajadores de las fábricas de Alfred Nobel, quien había mejorado la fórmula del explosivo líquido para hacerlo más estable y manejable.


Efectivamente, la dinamita se le ocurrió en 1860 al padre de la fundación que otorga los prestigiosos galardones Nobel, al fabricar una pasta mezcla de nitrógeno y de tierra de diatomeas, con la que mejorar el invento de Ascanio Sobrero. Y sucedió que los trabajadores que fabricaban la dinamita fueron los primeros beneficiados por los efectos terapéuticos de la nitroglicerina. Cada mañana, cuando llegaban al trabajo, aquellos que padecían problemas cardíacos descubrían que sus dolores de pecho se atenuaban, la mala noticia venía en cambio para casi todos los demás trabajadores, que se quejaban de enormes dolores de cabeza.

Y es que resulta que el vapor de la nitroglicerina en la fábrica, incrementaba el flujo de sangre, lo que provocaba que aquellos que necesitaban más sangre en el corazón porque padecían de angina, se viesen beneficiados, y hacía que el resto (que recibían el exceso de flujo sanguíneo en la cabeza) la pasasen mal. ¿Por qué sucedía? Los médicos no lograban explicarlo, pero igualmente aprovecharon el descubrimiento para prescribir tratamientos con nitroglicerina ya en 1879.

Curiosamente, los doctores del propio Alfred Nobel le recomendaron su uso poco tiempo antes de su muerte, en 1896. Sin embargo el magnate sueco se negó a tomarla porque no soportaba los dolores de cabeza que recordaba de sus visitas a la fábrica.

Tuvo que pasar casi un siglo hasta que en 1970 los investigadores descubrieran por qué funcionaba la nitroglicerina como fármaco, y es que al parecer, el cuerpo la convierte en óxido nítrico. En la década de los 80, descubrirían además que las moléculas de ese compuesto actúan como mensajeras indicando a los músculos lisos que rodean los vasos sanguíneos que se relajen. Para cerrar el círculo, los tres investigadores que estuvieron detrás de estos hallazgos recibieron de forma colectiva el Premio Nobel de medicina en 1998.

¿Curioso verdad? Pues eso no es todo, los investigadores siguen encontrando nuevos usos y nuevas formas para la nitroglicerina aún hoy en día. Por ejemplo, recientemente se ha descubierto que logra reducir la resorción ósea y mejorar la formación de hueso, e incluso se está estudiado su posible uso en la curación de las úlceras en los pies inducidas por la diabetes.

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