3/12/16

Curiosidades: La Última Función de la Guillotina



Era una calurosa mañana de septiembre, el 22 de aquel mes de 1977 por más datos. Los trabajadores de la prisión de Baumettes, en Marsella, se afanaban bajo el bochorno para terminar de poner a punto la máquina de la muerte. Por la tarde habría una ejecución. Cuando la cabeza de Hamida Djandoubi cayera sobre la cesta, se cerraría la última función de la guillotina. Era el final de una era.

Aquella invención de la Revolución Francesa, que en realidad no fue diseñada por Monsieur Guillotine, es uno de los más tenebrosos símbolos del periodo. Sólo durante el Reinado del Terror auspiciado por Maximilien Robespierre, se calcula que hubo entre 17,000 y 40,000 víctimas. Entre ellas, claro está, Louis XVI y su panadera reina Marie Antoinette.


La justicia francesa le tomó tanto gusto a la máquina, que tardó dos siglos en deshacerse de ella.

Es irónico que la guillotina se hubiese inventado para mitigar el dolor de los reos. La navaja tarda medio segundo en cercenar un cuello, por lo que era mejor que los ahorcamientos y linchamientos más acostumbrados por entonces. No sé qué habrían dicho aquellos que sintieron el frío acero por una milésima de segundo. Ya es tarde.

Curioso es también que la pena de muerte por guillotina estaba limitada a los civiles, mientras que a los militares se les siguió fusilando.

El último ejecutado

En 1968, un joven argelino de 19 años, Hamida Djandoubi, emigró a Marsella. Al principio trabajó en una tienda de alimentación, y luego como jardinero. En 1971, sufrió un accidente laboral que le hizo perder el pie y parte de la pierna. Mientras convalecía en el hospital, conoció a la joven Elisabeth Bousquet, y pronto iniciaron una relación.

Las cosas no fueron muy bien para la pareja, pues a principios de 1973 ella lo denunció por intentar forzarla a prostituirse. Hamid fue detenido pero liberado en pocas semanas. Enseguida consiguió atrapar a dos jóvenes más, y las puso a trabajar para él como prostitutas. No obstante, Hamida no se olvió de Elisabeth.

En julio de 1974, Hamida fue a buscar a Bousquets, y por la fuerza se la llevó al piso donde vivía. En presencia de sus otras dos “asociadas”, torturó a Elisabeth con un cigarrillo encendido. Le practicó quemadas en los senos y en los genitales, mientras las jóvenes miraban aterradas. 
Elisabeth, a pesar del daño, se mantuvo viva durante el episodio, así que Hamida se la llevó en su coche a un descampado cercano, y la estranguló. De vuelta en casa, amenazó de muerte a las chicas para que no dijeran nada. El 7 de julio, cuatro días después de su muerte, el cuerpo de Elisabeth fue encontrado en un cobertizo.

La última función de la guillotina

Las excusas de paroxismo no convencieron a los jueces. Que la pérdida de la pierna le hubiese trastocado la vida y trastornado la cabeza no eximían al acusado de su culpabilidad. Tampoco sirvió de nada poner la excusa del abuso del alcohol. Hamida Djandoubi fue sentenciado a muerte el 25 de febrero de 1977. Su recurso de apelación fue rechazado en junio, y la ejecución programada para finales del verano.

El 10 de septiembre por la mañana, Hamida recibió la noticia de que el Presidente Valéry Giscard d’Estaing se había negado al perdón. El verdugo Marcel Chevalier dejó caer la hoja de acero a las 4:40. En ese momento nadie lo sabía, pero fue la última ejecución por guillotina en Francia.


Adios a la guillotina

En 1981 llegó a la presidencia Francois Mitterand, y una de sus primeras medidas fue derogar la pena de muerte. Este castigo quedó, además, prohibido en la constitución. Los pelotones de fusilamiento, al igual que la guillotina, dijeron adiós para siempre. O ya veremos…

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