4/11/16

Artes: 3 Artistas Subversivos que a través de sus Obras Lucharon contra el Sistema


El hombre siempre se ha valido del arte como herramienta de lucha, de cambio social, de protesta contra aquellos políticos que quieren ejercer el poder desmedido sobre el pueblo. Vivimos en un mundo cubierto por la penumbra del totalitarismo, la esclavitud y el odio; sin embargo, un pincel en el cielo es capaz de pintar un mejor mañana. Uno en el que el hombre no sólo recurra a la creación artística para defender su felicidad, sino para construirla.

Muchos han sido los artistas que a través de su obra poética, gráfica o musical han alzado la voz para que otros la reconozcan, se identifiquen y se unan a causas en común, pues una sociedad unida siempre es más fuerte y capaz de vencer cualquier adversidad.

1. Juan Loyola — Venezuela 


Con una obsesión por el tricolor venezolano, Juan Loyola solía realizar performances en los que proyectaba la bandera nacional en distintas superficies y servía como protesta ante la indiferencia ciudadana. La puesta en escena iba desde teñirse el cabello de amarillo, azul y rojo, hasta cubrir su cuerpo con la misma combinación, frente al Palacio de Justicia.

Nacido en Caracas en 1952, Juan Loyola Valbuena fue el autor de una irreverente propuesta que llevó la crítica social hasta límites nunca antes vistos en ninguna galería de Venezuela. Una de sus denuncias contra la sociedad de consumo fue un ensamblaje con cajas negras de madera y cartón corrugado, llenas de cachivaches que ocupaban el reducido espacio de éstas. En 1983 realizó un homenaje a Simón Bolívar —posiblemente sea su obra más recordada—, Loyola se presentó en la histórica Casa Guipuzcoana, en La Guaira, rodando una enorme rueda hueca que contenía chatarra ruidosa y representaba a la (golpeada) moneda nacional.


2. José de Molina — México 


 Un nombre que desde los años 70 se forjó un reconocimiento en foros estudiantiles donde actuaba gratuitamente. Nacido en 1938, en Hermosillo, este mexicano nunca se afilió a algún partido político, pues no creía que el voto fuera la fuente propiciadora de los cambios radicales que el país necesitaba. Trabajó como actor y siempre estuvo en la lucha. Sus casetes y discos son historia, relatan los acontecimientos sociales y políticos más importantes de México. Era un hombre rebelde al que no le gustaban las injusticias; a diferencia de Juan Loyola, José de Molina no sabía que sería cantante.

Se consideraba un socialista libertario, pues creía que todo Estado-Gobierno a la larga se corrompe y se vuelve despótico, represivo y tiránico. En los 90 fue marginado y censurado por todo el país, pero su mensaje pudo romper el cerco mediático y su voz se escuchó en todo barrio, caserío y vecindad. Junto a Judith Reyes y León Chávez Teixeiro, fue un exponente de la canción revolucionaria que hablaba sobre el hombre común y olvidado, el obrero y el campesino.

En los últimos años se dedicó sólo a la venta de su material musical y nunca cobró por cantar; desde el levantamiento en 1994, decidió cantar en el Zócalo todas las tardes como apoyo al movimiento zapatista. Fue secuestrado y torturado por la policía en mayo de 1997, como consecuencia de los golpes recibidos en este episodio, lo internaron y meses más tarde lo operaron; sin embargo, murió el 9 de julio de 1998 a raíz del ataque.

Reza la estrofa de ‘Obreros y patrones’: “Vamos aceitando los engranes ya / De nuestra conciencia que dormida está / Que la producción, produzca bienestar / Para el obrero que vida le da / Que vida le da”.

3. Pedro Lemebel — Chile


Hurgar en la obra poética de Pedro Lemebel es descubrir un grito llamado ‘Manifiesto (hablo por mi diferencia)’; el escrito presenta una proclama de resistencia sexo-diversa, ya que su inserción en las filas de la militancia de izquierda no fue bien recibida. Marginado por la derecha al ser comunista y por la izquierda al ser homosexual, la primera vez que usó los famosos tacones que agregarían celebridad a su persona fue en 1986, durante una reunión de los partidos de izquierda en la Estación Mapochoa.

Decían que Pedro Lemebel era “seguramente el único escritor chileno que se maquillaba y usaba zapatos de taco alto, al menos en público”, y es que el travestismo era parte de la propuesta contestataria de este escritor que, de ser un niño pobre criado a orillas de un basural, se convirtió en una herramienta de denuncia política. Nacido en 1952, vivió en condiciones rurales hasta que, a mediados de la década siguiente, su familia se mudó a un conjunto de viviendas sociales. Tuvo acceso limitado a la educación; sin embargo, se graduó como profesor de Artes Plásticas.

Los performances y poemas de Lemebel abogan a favor de un mundo justo, sin desigualdades sociales, donde el ser humano sea tolerante, solidario y libre; su mensaje se escuchaba a través de una prosa mordaz y subversiva que lo convirtió en un cronista de lo urbano al mostrar lo que era ser pobre, homosexual y de izquierda en Latinoamérica en época de dictaduras.

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