12/10/16

Conoce la Extraña Historia de San Guinefort, el Perro Adorado por sus Milagros


En Francia en el siglo XII, el señor del castillo de Villar, en Dombe, salió de caza un día dejando a su pequeño hijo dormido en la cuna al cuidado de uno de sus galgos favoritos llamado Guinefort.

Al volver de la cacería, el caballero se preocupó al encontrar su casa completamente desordenada y vacía. ¡Su hijo había desaparecido! Su desesperación aumentó cuando, el revisar bien la casa, encontró a su perro con manchas de sangre. Enfurecido con el perro al pensar que había matado a su hijo a mordidas, el caballero tomó su espada y mató al perro en venganza.

Sin embargo, unos minutos después el caballero pudo escuchar el llanto de su hijo. Estaba vivo y a salvo debajo de su cama y a su costado una serpiente muerta lo acompañaba.

¡Ahora todo tenía sentido! Su fiel perro Guinefort en realidad había salvado la vida de su hijo atacando a la serpiente. Al darse cuenta de su error, el caballero tomó el cuerpo de su perro, lo enterró en un pozo cercano y construyó un santuario para venerar a su mascota.

Esta veneración se extendió rápidamente y algunas personas que vivía cerca ya le atribuían milagros a “San Guinefort”.

“Los campesinos de la zona… comenzaron a visitar el lugar y a honrar al perro como un mártir”, escribió Esteban de Borbón, un inquisidor dominico del siglo XIII.

Con su autoridad de inquisidor, Esteban tuvo que tomar cartas en el asunto. Así que ordenó que dicha devoción se detuviera y se erradicara de dicha región.

La Iglesia nunca canonizó a Guinefort porque los perros no tienen alma inmortal y no pueden ser santos. Así que, por favor, no le recen a San Guinefort. Por cierto, los aldeanos de aquella época solían rezar al perro diciendo “San Guinefort, protégenos de los idiotas y las serpientes malvadas”.

Además muchas personas afirmaban que aún en su tumba el bonito galgo continuaba haciendo el bien en forma de milagros, sobre todo de curación de niños enfermos que acudían con sus padres a la tumba en busca de esperanza y salud. El lugar, la continua peregrinación y la propia historia llegaron a oídos de las más altas autoridades del Vaticano, que si bien, tras unos estudios realizados que daban credibilidad a algunos de los milagros atribuidos a Guinefort, exigieron poco después la prohibición del culto a aquel perro. Cuestión ésta acrecentada con la llegada de la Inquisición que consideraba herejía adorar a un animal y mandó exhumar los restos del perro y quemarlos para que fuera olvidado para siempre. 

Como sea, la veneración a esta mascota se mantuvo en aquella región hasta principios del siglo XX. Incluso hoy, si paseas por algunos lugares de Francia, es probable que algunas personas aún conozcan la historia de San Guinefort, el perro.

Su festividad era el 22 de agosto. Su culto persistió hasta 1930.

Guillermo Marrero

Laarepaenlinea
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