4/9/15

Los Relatos de Carlos Zerpa: El Emo no ha Muerto


El emo no ha muerto

   Todos recordamos con mucho desprecio la ola abismal de niños y niñas bisexuales con peinados extravagantes de muchos colores que tapaba su lloroso y afeminado rostro. Esos mismos que se vestían como otakus fúnebres y se cortaban la piel por razones absurdas con el fin de justificar su falta de personalidad y ganas de llamar la atención.

Emo clásico bisexual.


Emo clásico, espécimen masculino.

    Tiempo después, gradualmente fuimos dejando de ver en sus puntos de encuentro, ya no pasaban videos de sus bandas favoritas por MTV Latinoamérica, dejamos de ver sus horrendas pintas en las tiendas y con ello asumimos que se habían extinto, pero la horrible realidad es otra... tan solo mutaron.

     ...Con la masificación del movimiento emo en el mundo, sobretodo en Latinoamérica, surgió un género musical en el que los emos podían liberar sus frustraciones sexuales y sentimentales a través de la ira, hablamos del "emocore". Fue cuando el emo tradicional masculino se rompió las mangas de sus franelas permitiendo ver sus costillas, se tatuó los brazos y adoptó una actitud de rompe corazones malditamente sexy para las ya casi reformadas emos, esto generó una reacción en ellas, quienes adoptaron esta apariencia jarcor (hard core) de tatuajes, piercings, con un costado de la cabeza rapada, lentes de pasta, franelas de bandas que desconocen, bemba roja, etc. Es como una adaptación de la chica pin up tradicional.

Banda emocore. Muy rudos.
    
     Este cambio en las chicas no fue solamente superficial, ya que también adoptaron una actitud de Feminazis (feministas extremistas o lesbianas justificando su lesbianismo). Muchas de ellas se volvieron farandiperris (pseudo suicide girls), desnudandose en las redes sociales y hablando abiertamente de su sexualidad, porque recuerden, igualdad de género es igual a ser puta si ellos son perros. Este modelo femenino también fue imitado por las Tukys, shorts, franelas araposas, gorras de visera  plana y flores, tatuajes de infinitos, plumas, nombres, amor abierto a la marihuana y al sexo promiscuo.

Todas quieren ser tan cabeza hueca  farandiperris como Yeilove.


Tuky tatuada.

    Ahora bien, esta anomalía social aún se mantiene viva en muchos que aún no han mutado, pero la gran mayoría ya pasó a un nivel de inmundicia de más prestigio. El emo que se volvió emocore, ahora se dejó crecer la barba, se viste de jean, con las camisas arremangadas y botas de cuero; se volvió sensible ante la cadena alimenticia y se convirtió en vegano, es consciente del calentamiento global, abraza los árboles, activista por la diversidad e igualdad, ahora lee, toma café, intenta ser culto sin rayar en lo nerd, todos son pseudos fotógrafos, creen saberlo todo inclusive antes de su existencia, está tatuado hasta el cuello y es metrosexual. Es conocido como hipster.

Todos quieren lucir así.

Pero se ven así. 

    Esto se ha vuelto el boom sexy entre las grupies de los hipsters, tanto así que aseguran que hombre sin barba es una niña. A diferencia de cuando eran emos, ningún hipster reconoce serlo.

    Cada vez aumenta la decadencia social y cultural de la mano del efecto dominó, en quienes carecen de personalidad y actitud para trazar su propio camino. A nosotros, la minoría conciente de ello, nos toca observar como personajes de reparto esperando nunca protagonizar esta desidia.

Por Carlos Zerpa




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