3/9/12

Noticia Wtf: Catástrofes artísticas y restauraciones absurdas




El culebrón artístico más surrealista del verano está protagonizado por un eccehomo de un siglo de antigüedad y escaso valor artístico, que hace unas semanas sufrió una peculiar restauración por parte de una vecina de la localidad zaragozana de Borja. El resultado de la intervención no solo es catastrófico, borroso e irreconocible, sino que también se ha convertido en objeto de parodia, carne de fotomontaje. Hasta han aparecido falsos perfiles en las redes sociales en las últimas 48 horas. Tamaña está siendo la repercusión de la noticia que ya encabeza las listas de lo más leído y más reenviado en las webs de diarios como Le Monde, el Telegraph o la BBC.

La artífice del estropicio es Cecilia Giménez, una mujer octogenaria que actuó de forma espontánea y “sin pedir permiso a nadie”, aunque “con buena intención”, explica el concejal de Cultura del Ayuntamiento del municipio, Juan María de Ojeda. Cuando se dio cuenta de que “se le había ido de las manos” avisó al responsable del patrimonio para confesar los daños que había causado.


El miembro perdido

Silvio Berlusconni nos tuvo acostumbrado durante años a todo tipo de payasadas. Pero ni siquiera el arte clásico escapó de sus inconmensurables extravagancias. Según cuentan, tras un viajer a China, el ex primer ministro italiano le preguntó a un amigo arquitecto: "¿Por qué las esculturas orientales parecen todas nuevas y a las nuestras les faltan brazos y cabezas?" Esta duda le llevó a tomar una decisión drástica: restaurar por las bravas y por medio de decreto ley dos estatuas romanas de Marte y Venus encontradas cerca de Ostia, y datadas en el siglo II antes de Cristo. Berlusconi ordenó nada menos que volver a colocar el pene que le faltaba a la figura masculina y las manos de la femenina. Lógicamente, su acto hizo poner el grito en el cielo a todos los amantes de arte clásico, pero Berlusconi se defendió diciendo que las piezas añadidas eran de quita y pon con lo cual: "Si no le gustan a alguien, cuando quieran pueden volver a quitarlas", y se quedó tan pancho. 



Limpiar un Bansky

Ni cortos ni perezosos, los miembros de un equipo de limpieza urbana de la ciudad de Londres, vieron este graffiti, que recrea una escena de Pulp fiction, y se dijeron: "Vamos a dejar esa pared más limpia que los chorros del oro". Desafortunadamente, lo que no sabían es que el dibujo era obra ni más ni menos que de Bansky. Hay que señalar que no es la primera vez (y nos tememos que tampoco será la última) que borran por error una obra de este artista callejero. En 2010, limpiadores callejeros de Melbourne finiquitaorn con sus cepillos y sus productos químicos otra obra del pintor en la que se veía a un ratón saltando en paracaídas. A este paso, como se repitan más sucesos similares, van a acabar incluyendo la asignatura de arte vanguardista en las oposiciones a limpiador municipal.



Esa mugre acumulada

Hay empleados que se toman demasiado en serio su trabajo. Como la señora de la limpieza del Museo Ostwall, en Dortmund, Alemania. La buena mujer, con toda la mejor intención del mundo, dañó una obra de arte valorada en 800 mil euros. Se trataba de una pieza llamada Cuando empiece a gotear, y que consiste en una torre de 2,5 metros montada con tablas de madera por el artista alemán Martin Kippenberger, que la completó colocando una capa de goma negra. A la limpiadora le pareció que dicha capa (de una "sustancia clara", según sus declaraciones) que cubría la obra debía ser mugre. Por eso, dedicó todos sus esfuerzos hasta hacerla desaparecer. Lo que le costó lo suyo, todo hay que decirlo.



Romper un Picasso

En ocasiones, el torpe que está a punto de acabar para siempre con alguna obra de arte, es algún visitante del museo. Como ocurrió en 2011 en el Metropolitan de Nueva York, donde una señora estuvo a punto de destruir un cuadro de Picasso titulado El actor. La señora, que pesaba casi cien kilos, tropezo y con un brazo provocó una rasgadura de cincuenta centímeros en el lienzo. Lo peor de todo es que, al parecer, a la pobre señora no se le ocurrió decir otra cosa que: "¿Y no la pueden coser?". Y no es broma.



quo.es
elpais.com


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